Travelling to Grasse with Dior and ELLE Spain

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Alex Rivière no es fan de las etiquetas. Prefiere definirse como «una apasionada de la moda que estudió un año de Diseño antes de compaginar la carrera de Marketing y Comunicación con Administración y Dirección de Empresas, por obligación parental (risas)». Pero sus 117.000 seguidores ven más allá de su papel como directora creativa del despacho que lleva su nombre. Su perfil en redes sociales, cuidado y minimalista, sigue su definición de estilo: «Me encanta la belleza clásica; las costuras perfectas y los patrones bien hechos. Tener un buen fondo de armario es esencial». ¿El complemento final de cualquier look?  «Sin duda, la fragancia», confiesa. La unión de ambas pasiones la convierte en la heredera idónea del legado de Christian Dior. Él, que se sentía «tan costurero como perfumista», tenía como fuente de inspiración la campiña de la conocida como capital de las flores: Grasse, en la Provenza.

Hasta allí viajamos con Alex para vivir uno de los momentos favoritos del histórico creador: la recolección. Recorrer estos campos tan ricos es un paseo por los orígenes de la firma. Las fórmulas inéditas que el nariz François Demachy crea en su laboratorio de Les Fontaines Parfumées se asemejan a los reconocibles cortes del maestro, mientras que las delicadas puntadas de sus piezas encuentran su sinónimo en la recogida de la selecta materia prima de este territorio. Y si la chaqueta Bar es la prenda fetiche de la maison, el jazmín es el punto débil del perfumista. El escenario de esta visita, Le Domaine de Manon, da fe de ello. Fue la primera explotación proveedora en exclusiva de Dior, gracias a que la visión de su directora, Carole Bian- calana, le conquistó con la unión del savoir-faire ancestral y el cultivo bio en sus dos joyas: la variedad grandiflorum de esta flor blanca y la rosa centifolia. 

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El primero, que sólo crece en las excelentes condiciones de Grasse, «tiene diferentes facetas. Puede juntar varios aromas, como mango, almendra, plátano, melocotón, leche... e incluso una esencia más animal. Y, en función de las condiciones climáticas, predomina la una o la otra», apunta Carole. Su peculiaridad lo convierte en un frágil tesoro escaso (quedan unos 30 productores) que se recoge únicamente de julio a octubre, ya que la temperatura es esencial para su calidad. En verano, los pétalos se abren de noche y el trabajo comienza a las seis de la mañana para evitar que los casi 40 grados del mediodía las dañen. A finales de septiembre, hay que esperar a las ocho para que el calor abra los mismos ejemplares. Y a primera hora es cuando una tierra recién teñida de blanco recibe a Alex.

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Los operarios ya están armados con sus cestas y le explican que hay que pinzar cada flor sin prisa pero sin pausa. Una vez que las plantas quedan limpias, se someten a un proceso de extracción para conseguir un concreto. Durante los 120 días que dura la temporada, estos concentra- dos se guardan para mezclarse sólo al final. Su objetivo es unificar las aristas de la especie y dar con un resultado similar año tras año. Alex pregunta cuál es el destino final de esa esencia. «Casi todo es para J’adore L’Or», revela Carole. «Cuando en 2010 descubrí la fragancia, me emocioné. Fue como trasladarme a mis campos». Siete años después, el frasco ha engalanado sus curvas con un proceso de grabado único que lo convierte en un auténtico objeto de deseo. «La saga J’adore está grabada en la memoria colectiva.

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Son aromas para mujeres independientes, sensuales y seguras de sí mismas», afirma Alex entusiasmada. Para cerrar la jornada, y mientras de- gustan una brioche con mermelada de jazmín, Carole le confiesa su proyecto más ambicioso: su asociaciación, Les Fleurs d’Exception du Pays de Grasse (creada para ayudar a nuevos cultivadores), se ha unido a productores, fabricantes y casas de perfumería para presentar un informe en la Unesco. ¿Su fin? Convertir este saber ancestral en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. «Lo vamos a lograr, pero hasta el año que viene no nos lo confirmarán», añade. Nosotras tenemos el champán enfriándose.

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Photography by Dario Aranyo

Styling by Barbara Garralda

Make up by Alba Nava

 

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